INSPIRACIÓN
Entre los tesoros de piedras hiladas de infancia y estos sofisticados talismanes contemporáneos, corren noches de campo. La cúpula acústica de insectos invisibles en la oscuridad, algún refucilo de mínima luz que vuela sobre un par de ojos de oro, los trayectos de muchísimas alas de mariposas transparentes. Lluvia que engarza cuentas cristalinas en las puntas de las agujas de pino. Flores estructurales, un manto de estrellas silenciosas.

Celedonio-niño al crecer dedicaria una de sus vidas a traducir para nosotros el alma de los objetos. En un claro bosque, un callado chico que juega con los dedos observa y devora estos escenarios de su ficción y memoria: ellos le revelan el teatro del mundo. Oye en la trama susurros de contraseñas secretas, acuna con los dedos hilos de plata para que insectos muertos posen sus patas vegetales. Hojas voladas del refugio de sus libros crepitan como si fuera otoño, y frutos de cascaras traslúcidas se arremolinan desenroscando catedrales. Huesos esenciales de algún pájaro roto tintinean en contrapunto con las cuentas de un antiguo collar de perlas del cofre de la abuela.

En cada cuerpo que encienden, los objetos de Celedonio transmutan naturaleza inanimada por poderosos talismanes. Esta fuerza ancestral catapulta no la mera elección de usarlos, sino el deseo de intimar con ellos. La intimidad de un talismán y quien lo posee. Invocar este deseo, es el arte de Celedonio.